5. LAS VISIONES




En la parte final del libro, las visiones (7,1-9,6), el tema del castigo alcanza su punto culminante. Es cierto que no equivalen exactamente a la experiencia de la vocación, y que se dieron en diversos momentos; pero reflejan la experiencia profunda que Dios hizo vivir al profeta y la actitud que éste adoptó en su predicación[1].

1ª visión: la plaga de langosta (7,1-3)

Esto me mostró el Señor: Preparaba la langosta cuando comenzaba a crecer la hierba y cuando terminaba de devorar la hierba del país, yo dije: Señor, perdona: ¿cómo podrá resistir Jacob si es tan pequeño? Con esto se compadeció el Señor, y dijo: No sucederá.

En el breve relato de Amós se advierten los siguientes elementos: introducción, objeto de la visión (que supone un castigo), intercesión del profeta, compasión de Dios.

Una plaga de langosta es de los castigos más terribles para un pueblo campesino. Amós la ve devorar la hierba del territorio de Israel y parece temer que los animales continúen su labor destructora con otros productos de la tierra. En cualquier caso, lo importante es la intercesión del profeta, que conmueve a Dios de inmediato.

2ª visión: la sequía (7,4-6)

Esto me mostró el Señor: El Señor citaba a un juicio por el fuego que devoraba las aguas primordiales y devoraba el país. Yo dije: Señor, cesa, ¿cómo podrá resistir Jacob si es tan pequeño? Con esto se compadeció el Señor, y dijo: Tampoco esto sucederá.

La estructura es idéntica a la de la primera visión. El objeto de la visión, en este caso, es el castigo provocado por una sequía que devora las aguas aguas subterráneas, de las que se alimentan los manantiales y ríos en la mentalidad de la época, y todo el territorio. De nuevo el profeta intercede y Dios se compadece.

Las dos primeras visiones dejan al lector tranquilo: a pesar de todos los pecados denunciados anteriormente en el libro, la misericordia de Dios termina triunfando. Sin embargo, las visiones tercera y cuarta cambian de estructura y también de mensaje.

3ª visión: la plomada (7,7-9)

Esto me mostró el Señor:
Estaba en pie junto al muro con una plomada en la mano.
El Señor me preguntó: ‑¿Qué ves, Amós?
Respondí: ‑Una plomada.
Me explicó: ‑Voy a echar la plomada en medio de mi pueblo, Israel; ya no pasaré de largo; quedarán desoladas los altozanos de Isaac, arruinadas las ermitas de Jacob; empuñaré la espada contra la dinastía de Jeroboán.

Dos cuestiones llaman la atención desde el punto de vista de la estructura: 1) la descripción cede el puesto al diálogo entre Dios y Amós; 2) desaparece la intercesión del profeta.

Desde el punto de vista del contenido, otros dos detalles: 1) la compasión de Dios cede el puesto a un "ya no pasaré de largo"; 2) el castigo se dirige contra la institución cultual (altozanos y ermitas) y contra la monarquía (la dinastía de Jeroboán), las máximas responsables de las injusticias que se comenten en el país.

Lo que ve Amós en esta visión se ha prestado a un interminable debate [2], pero su sentido básico queda claro en el conjunto.

4ª visión: el cesto de higos (8,1-3)

Esto me mostró el Señor: Un cesto de higos maduros.
Me preguntó: ‑¿Qué ves, Amós?
Respondí: ‑Un cesto de higos maduros.
Me explicó:
‑Maduro está mi pueblo, Israel, y ya no pasaré de largo. Aquel día ‑oráculo del Señor‑ gemirán las cantoras del palacio. Cuántos cadáveres arrojados por todas partes.

La estructura es semejante a la de la visión tercera. Una vez más falta la intercesión del profeta y Dios repite que "ya no pasaré de largo". El castigo, en este caso, se dirige contra la corte.

5ª visión: el terremoto (9,1)

Ví al Señor en pie junto al altar, que decía:
Golpea los capiteles y trepidarán los umbrales;
arrancaré a todos los capitanes
y daré muerte a espada a su séquito;
no escapará ni un fugitivo,
no se salvará ni un evadido.

La estructura es completamente distinta a las anteriores. No hay diálogo, ni intercesión. Y parece cumplirse la amenaza divina de no pasar ya de largo. Es muy probable que el castigo se limitase originariamente al anuncio de un terremoto ("Golpea los capiteles y trepidarán los umbrales"). Recuérdese que el libro de Amós comienza haciendo referencia a un famoso terremoto (1,1).
Más tarde, una vez ocurrido el terremoto, se actualizaría el castigo haciendo referencia a una invasión militar, de la que no se salvan ni capitanes ni soldados.

Resumen

Advertimos en las visiones una progresión creciente. En las dos primeras Dios manifiesta su voluntad de castigar al pueblo con una plaga de langostas y una sequía. El profeta intercede y el Señor se compadece y perdona. Amós centra su atención en el castigo, no piensa si es justo o injusto, y, viendo al pueblo tan pequeño, pide perdón para él, perdón que Dios concede.
Sin embargo, en las visiones tercera y cuarta la situación cambia. Dios no está dispuesto a perdonar. Y las instituciones culpables de su actitud son la cultual y la monárquica.

La quinta desarrolla esta misma idea con una imagen distinta, la del terremoto (9,1-4), que da paso una catástrofe militar. Es lo que ocurrirá realmente cuarenta años más tarde, cuando las tropas asirias conquisten Samaría y el Reino Norte desaparezca de la historia. Decir esto en tiempos de Jeroboán II significaba pasar por loco, anunciar algo que parecía imposible. No obstante, es el mensaje que Dios le confía y con el que Amós se presenta ante el pueblo.

Echando una mirada atrás, podemos interpretar las denuncias de Amós contenidas en los capítulos 1-6 como la justificación del castigo de Dios.

NOTAS

[1] Según Rudolph, las cinco visiones tienen lugar antes de la vocación y sirven de preparación al profeta. Buber y Monloubou las sitúan después de la vocación y engranan su contenido con el de otros pasajes del libro, intentando reconstruir cronológica y espiritualmente la evolución de Amós. Buber, por ejemplo, lo presenta de este modo: a las dos primeras visiones sigue un período en el que exhorta a la conversión (5,4-6.14-15), pero sin éxito. Entonces tiene la tercera visión, después de la cual anuncia el castigo (4,4-13). Tampoco le hacen caso. A la cuarta sigue el anuncio del castigo definitivo (5,2). Tras la quinta pronuncia un gran discurso que se conserva en fragmentos aislados (6,1-7.11-14; 5,27). Después de él, Amasías lo denuncia y destierra. Amós comunica a un discípulo en privado su último oráculo (9,11.13.14a.15b), en el que alienta la esperanza (cf. M. Buber, The Prophetic Faith, Nueva York 1960, 105-109). Más detallada todavía es la reconstrucción de L. Monloubou en DBS VIII, 719ss. Un tercer grupo de comentaristas sitúa las visiones después de la actividad profética de Amós, cuando ya ha vuelto a Judá.
[2] Para muchos autores, la visión compara a Israel con un muro, y Dios echa la plomada ('anak) para ver si está recto o abombado; aunque el texto no lo dice, Amós comprende que el muro no puede mantenerse en pie, que el derrumbamiento es inevitable. El mal no está fuera (langosta, sequía), sino dentro. Por eso no tiene sentido la intercesión del profeta, y Amós calla. Sin embargo, hace tiempo se venía insistiendo en que 'anak no significa «plomo», ni «plomada», sino «estaño». El estudio más reciente es el de W. Beyerlin, Bleilot, Brecheisen oder was sonst? Revision einer Amos-Vision, OBO 81 (Friburgo 1988). Según Beyerlin, Amós ve al Señor en un muro de estaño, que simboliza en un primer momento la protección de Dios, igual que un muro protege a la ciudad. Pero, en un segundo momento, el sentido del estaño cambia, y se refiere a las armas de los invasores que Dios trae contra su pueblo.